El Maternaje interior: un proceso alquímico

Si has realizado terapia, psicoterapia, constelaciones; si has asistido a círculos de mujeres, muchas veces aparece un tema recurrente y clave: hacerse cargo, acoger, contener a la “niña interior” (o niño interno).

Esto aparece como un mandato o sugerencia muchas veces enigmático, que queda resumido en fórmulas tales como “trátate a ti mismo como si fueras tu propio hijo/a pequeño”, “trátate con cariño/amor/compasión”, “date a ti mismo lo que esperas que los otros satisfagan”, y una larga lista de frases por el estilo, que muchas veces no resuelven el enigma, o muchas veces elegimos quedarnos con la frase y lo que hacemos es comprarnos sushi y espumante, darnos un baño de tina, como “regaloneo” a la niña interior. Y ahí queda. Como un gustito, un espacio de placer y deleite muy de vez en cuando (o a veces, bastante seguido).

No digo que lo anterior esté mal, necesariamente. Pero una mirada un poco más profunda sobre el tema deja en evidencia que consentirnos con algo que nos gusta está lejos de lo que significa hacernos cargo de un difícil pero satisfactorio proceso: el maternaje interior.

Hayamos tenido los padres que hayamos tenido: responsables o irresponsables, presentes o ausentes, cariñosos o ariscos, etc. Todos, por voluntad o por circunstancias, nos han dado pie a que generemos frustraciones en la relación con ellos en nuestra infancia y/o adolescencia. Y a esto hay que agregar la normalización de la violencia en las generaciones pasadas, a años luz de miradas como la crianza respetuosa, por ejemplo. En este contexto, los “reclamos” a nuestros padres suelen ser la orden del día, reclamos que a veces se sostienen hasta la adultez de quienes los hacen, que esperan aún hoy ser cobijados, entendidos, contenidos. Y resulta que muchas veces seguimos esperando. Y esperamos. Nos frustramos. Nos quedamos como niños indefensos en plena adultez. Nos cuestan ciertas cosas: hacernos cargo de nuestras decisiones, de nuestra salud, de nuestro bienestar económico. Terminar o comenzar proyectos, obras, creaciones. A veces no es todo esto, a veces sólo se refleja en alguno de estos temas. Otras veces es todo junto, y sentimos que la vida nos pasa por encima, quedándonos indefensas ante ella.

Comenzar a maternarse a sí mismo implica ir asumiendo una a una, todas y cada una de estas responsabilidades. Porque sí, tu madre cometió errores. Tu padre también. Hacen las cosas distintas a la manera en que tú las harías. Pero si ya pasaste la adolescencia, ya no es tiempo de criticar solamente estos errores o maneras de hacer las cosas. ES HORA DE QUE TÚ HAGAS LAS COSAS DISTINTAS. Ya pasó el tiempo de reclamar. Además, muchas veces les pedimos a nuestros padres procesos, cambios y decisiones que nuestros viejos y viejitas no son capaces de hacer. O no quieren hacer. Y ellos son personas adultas, con su derecho a pensar y sentir diferente aunque nos duela. Es hora de agradecer lo que sí tuviste, y empezar a asumir tú misma/o las necesidades pendientes, las no cubiertas, o las cosas que sin ser tan relevantes, simplemente te gustan de otra manera.

Otra forma de evitar asumir esta responsabilidad es pedirle (o exigirle) a la pareja que se haga cargo completamente de mí, de mis dolencias, de mis enfermedades, de mis carencias. Y ojo, que el apoyo en esto es parte de lo que sanamente esperamos de una pareja, pero en lo que quiero poner el énfasis es en que A LA PRIMERA PERSONA QUE LE CORRESPONDE ESTA TAREA ES A NOSOTRAS MISMAS.

Y esto no implica sólo “regalonearse”. Claramente, consentir a un niño de vez en cuando está bien. Pero no es suficiente. Es indispensable cuidar, proteger, brindar espacios que permitan el desarrollo. Y eso implica responsabilizarse. Decir “no” a situaciones, alimentos… relaciones. Si no te puedes maternar a ti misma al lado de un compañero, posiblemente llegó el momento de dejarlo. Si ya esperaste suficiente a que cambiara, a que te apoyara, a que te cuidara; ya planteaste lo que necesitas, o se te hace un esfuerzo más titánico en pareja que cuidarte estando sola, quizás es más sana la soledad.

Maternarse es buscar tu supervivencia y desarrollo, cuidar tu alimentación, tu salud, darte los espacios creativos que necesitas, ir junto a la naturaleza, salir de ambientes tóxicos, ponerte a ti misma la mascarilla en el avión antes de ponérsela a tu hijo/a. Puedes partir desde lo que se te haga más realizable (o urgente), y comenzarás poco a poco a avanzar en estos terrenos.
Y hablando de hijo… Maternarse aparece como una urgencia en las personas que han sido padres y madres. Sobre todo en las madres, ya que éstas suelen a cabo el cuidado principal en el puerperio y primeros años del bebé. Aparece muchas veces como una sombra, como un cúmulo de necesidades y exigencias de esta niña interna, que estaban bajo la alfombra y que pocas te advierten que puede aparecer (por suerte, cada vez hay más círculos de madres que comparten sus experiencias y es cada vez más habitual estar más informadas). Muchas personas asumen actualmente la tarea de maternarse activamente por la motivación que les trae la maternidad y la paternidad (aunque no necesariamente). Aprender a maternarse antes de tener un hijo, o paralelo a tenerlo es una manera de estar en mejores condiciones para el cuidado incondicional que un hijo exige. Si somos incondicionales primero con nosotras/os mismas/os, será más fácil con los retoños.

Pero maternarse no es algo que sea sólo propio de las madres, ni sólo de las mujeres. De hecho, es bueno comenzar a hacerlo lo antes posible. Hay quienes aprenden desde muy pequeñas/os. También hay quienes no aprenden nunca. Y de acuerdo a mi parecer, cualquier mujer u hombre que desee la libertad y la autonomía necesita pasar por este proceso si quiere realmente ser un adulto independiente y próspero, sano, vital.

Es una tarea ardua y que dura toda la vida, pero al mismo tiempo, comenzar este profundo proceso de autocuidado te lleva a conocer la mejor versión de ti misma/o. Y a sentirte plenamente responsable de ti, lo que puedes elegir ver como una carga, o como la liberación de dependencias estériles.
Responder a nuestros verdaderos deseos y necesidades interiores es un proceso alquímico, en donde asumiendo la responsabilidad de tu vida te conectas con el oro de tu esencia, dando paso a la construcción de tus más sinceros y profundos deseos.
Es un camino hacia el encuentro con la mejor versión de ti, que es algo que no tiene precio.

María Carolina Castillo
Psicóloga Clínica Transpersonal

Imagen: Alba, la pintora de Somnis 

Comparte en tus redes...Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on RedditShare on LinkedIn

5 Comments

  1. Veronica Montero Silva

    Hola Carolina me enviaron un Link y asi supe de ti , lei el articulo sobre Maternarse y el perdon. Me hizo mucho sentido ya que yo estoy en terapia hace años y avanzando paso a paso. Tu tienes libros o consulta donde uno te pueda contactar??
    Gracias
    Bendiciones🙏

    • Lo principal para no sentirse abandonada es no abandonarte a tí misma, brindarte lo que necesitas y sobre todo ser honesta con tus necesidades. Una buena forma de partir es permitirte sentir… la mejor brújula para no perderse está adentro. Ojo que esto no significa que una deba hacerlo todo sola, muchas veces necesitamos la compañía de nuestros seres queridos o de profesionales que nos ayuden. Pero lo principal es que te acompañes tú.
      Un abrazo,

  2. […] Centrarse en el propio desarrollo personal ayuda a soltar de mejor manera. Volcar ese amor disponible hacia una misma, ocupar ese tiempo en pulirte, como si fueras un diamante. Tomar esas clases para las que no te dabas tiempo, hacer ejercicio, cuidar tu alimentación, ir a terapia, meditar, reforzar tu autoestima. Mejorar tu capacidad de maternaje interior. […]

Agregar un comentario

Su dirección de correo no se hará público. Los campos requeridos están marcados *